Manolo Gonzalez Esculotor - Biografía

TEXTOS CATÁLOGOS

1988, Diciembre. Sala Juan Ismael,
Casa de Colón

Ángeles Alemán.

Manolo González: a la búsqueda de la “terribilitá”

Fue, en principio, la imaginería religiosa que, de pequeño, él veía en la procesiones; es, ahora, la escultura helenística, la última obra de Miguel Ángel; apunta, en su proyección, a una carga de dramatismo como la que conlleva la obra de un Michel Sandle.

Cuando Manolo González habla de sus referencias, toda su escultura cobra sentido.

No es extraño, por ello, que sus esculturas –siempre figuras humanas- se debatan entre las proporciones clásicas y la mayor de las angustias manieristas. Los cuerpos que salen de sus manos se retuercen, se alargan, buscando una salida a sus tragedias, llenas de impotente angustia, como si de Prometeos castigados por los dioses se tratara.

Son cuerpos mutilados , porque para Manolo González el cuerpo completo, entero, es una trampa hacia la perdida de expresividad. También porque la escultura griega, tanto la clásica como la helenística, nos ha llegado mutilada por el devenir del tiempo. Manolo González convierte así, esta carencia, en un recurso expresivo, en una vía más de acercamiento a la angustia en la que se debaten estos cuerpos.

Son figuras fuertes, con una musculatura sólida, aunque no lo suficiente para soportar esta terribilitá miguelanglesca que su autor impone. Quizá por ello, también, se rompen, se quedan sin un elemento tan expresivo como las manos, o las piernas, o incluso la cabeza. Excepto en el “Hereje”, donde toda la agonía del hombre perseguido y condenado por sus ideas se condensa, donde la necesidad de forzar la expresión de dolor en su punto máximo hace que Manolo González precise del cuerpo entero, donde las manos se convierten en protagonistas.

Es esta figura, “El Hereje”, la obra más cruda de todas; las demás, a su lado, llevan cierta contención, algo de medida en su dramatismo.

En su necesidad de retorcer, de elevar al máximo la expresión, Manolo González encuentra un gran aliado en la técnica que usa, el vaciado. Esculpir impediría los bruscos virajes que impone a estos cuerpos. De hecho, el vaciado es lo permite mantener el equilibrio cuando se tarta de una figura en pleno movimiento. El bronce, a veces la plata, casi siempre el poliéster, son los elementos presentes en estas esculturas. El acabado, el pulido, es lo que le permite u máxima expresividad, la más completa localización n los cuerpos de las luces y las sombras.

En esta muestra, el fuerte expresionismo de Manolo González ha alcanzado su punto más candente. La evolución futura de su obra se abre ante nosotros como un interrogante.

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