Manolo Gonzalez Esculotor - Biografía

TEXTOS CATÁLOGOS

2003, Congreso Amor y Soledad,

Manolo González.

Entre otros invitados: 

D. Óscar Arias Sánchez, Premio Nobel de la Paz 1987
Dª Marguerite Barankitse, Medalla Defensores Derechos Humanos, París 1998
D. Javier García Forcada, Psicólogo, filósofo y teólogo, con numerosas publicaciones
D. Willigis Jäger, teólogo-filósofo transconfecional entre el cristianismo y budismo Zen
D. Fernando Parrado, (Nando), superviviente de la tragedia de los Andes 1972

 

 

Texto para MILLENIA

A la existencia se le dará permanentemente significaciones, unitarias, múltiples y diversas según la necesidad de cada cual, propias o heredadas de las grandes tradiciones filosóficos-religiosas. El reto: por qué, para qué, desde y hasta cuando, es científicamente, hasta hoy inabordable, y desde siempre se abordó a través de la especulación filosófica o mítico-religiosa; casi, o ciertamente, con actitud perentoria de aceptar cualquier explicación que calme el desasosiego de tan grande incertidumbre. Quien no se lo plantea, de seguro da por buena  la que en suerte su contexto socio-cultural le dispone.

MILLENIA, que se refiere en su título a la consecución del tiempo en milenios, encerrando en ello evolución biológica, historia, espacio y tiempo, es una especulación más; la mía. Y una vez que en ello me entretengo, dejo claro que no doy por buena la que mi contexto me ha trasmitido. El discurso, desarrollado en lenguaje plástico, hace hincapié en una certeza: el desconocimiento absoluto, humilde y soberbio  a la vez, de una causa creadora; si quiera un Primer Motor, una razón y un fin. Esto parece reducir la existencia a un viaje, en un espacio y tiempo, del que el hombre sí tiene cuando menos conciencia, o una certeza sensorial ( no entro a discutir si la experiencia de los sentidos es engañosa o no ), un viaje, en una soledad consciente. Recalco que no niego, desconozco.

La única compañía es el Cosmos; demasiado vasto e indolente con nuestra existencia. De seguro que en él se encierra la repuesta a esta cuestión, pero la existencia del Cosmos es, si cabe, más inescrutable con los parámetros del pensamiento. Origen – fin, lleno – nada, finito – infinito, se manejan convencionalmente sin capacidad suficiente, pues lo enteramente abstracto resulta inadecuado para entender  una explicación que encaje con nuestra experiencia, y si se reduce estos términos a nuestra experiencia, acotada a nuestras tres dimensiones, quedan anulados en su sentido cosmológico. La distancia año luz resulta muy útil para los cálculos; para la experiencia, inabarcable. Aunque alcancemos a comprender lo lejos que están los cuerpos celestes unos de otros, no nos explica límite, forma, si envolvente absoluto o contenido de un continente que a su vez sería contenido, y así..., de modo que aún estamos bien lejos de una explicación no especulativa de semejantes asuntos.

 

Esto  podría resultar desalentador, pero, todo lo contrario, tremendamente excitante. Somos parte ínfima de un todo, pero somos conscientes de ello, y hemos de saber que solos; que está en nuestras disposiciones que el camino que construyamos sea el que paso a paso diseñemos en la absoluta libertad;  sólo se podrá perder aquel que tiene rumbo fijo; el rumbo se fija con el paso, entre el ascenso y la caída, y como agujas con las que tejer el entramado sobre el que caminamos, dos fuerzas igual de poderosas: el amor y el odio, los contrarios de Empédocles ( s. VI a.C.), motores del cambio. La elección de uno u otro será lo que le de el carácter al camino. Y esa es nuestra elección. Nada más estimulante que saber que estamos solos, en el sentido que hemos de tomar nuestras propias decisiones y ser consecuentes con ellas, y que el amor solidario es el instrumento para que el camino sea de progreso, sin saber cual fue el Origen y qué será el Fin, pero sí sabiendo como  hacerlo.

 

Siguiendo la clave de la Creación del Hombre  de la Capilla Sixtina, pero aquí prescindiendo de la figura de un Creador, el impulso vital se lo trasfiere el hombre a sí mismo, de uno a otro, partiendo de una indeterminación, en una suerte de cadena  transmisora, en la que el hálito de vida resulta como la corriente de una neurona a otra, tan efímero e inestable, siempre en situación crítica y arriesgada, al borde del fracaso. Ese fracaso es el uso del odio como motor, su éxito será ese amor solidario. ...Pero ya dice Anaximandro ( s. VII a. C. ) que el predominio de algo se paga con su relevo por el contrario...

 “ El principio de los seres es indefinido y todo perece en lo que le dio el ser, según necesidad, pues dan justicia y pago unos a otros de la injusticia según el orden del tiempo”


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