En PROMETEO hago una “variación” con el icono de la Creación de Adán de la Capilla Sixtina: la trasmisión de la vida a través del dedo índice del creador al ser creado, pero prescindiendo aquí de la figura creadora, (un manifiesto ateísta, no contra, sino emancipado ), y en este caso, el ser creado es a la vez creante (agente) de sí mismo; ¡ el hombre se crea a sí mismo, el hombre debe crearse a sí mismo !
Prometeo, el amigo del Hombre, es castigado por Zeus por la complicidad de éste con los hombres: les enseñó a burlar a los dioses en los sacrificios y quedarse con la mejor parte de los animales inmolados para su propio consumo; robó el fuego de los dioses y lo entregó a los hombres. Por esto Zeus ordenó que fuese encadenado a una roca del Cáucaso, donde todos los días un águila le devoraría el hígado, para regenerársele durante la noche y volver a serle devorado al día siguiente; así eternamente. Prometeo significa, al igual que la Expulsión del Paraíso bíblica, la toma de conciencia de la humanidad, pero en PROMETEO-La Autocreación se plantea no como una condena, sino como el compromiso de vivir; la responsabilidad de vivir.
Al igual que el Adán de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel está recostado y a Prometeo se le representa reclinado y encadenado a la roca, PROMETO está reclinado, con un gesto de potencia contenida, pero sin sufrimiento porque no hay punición; vivir no es castigo, es una contingencia cósmica que está de uno mismo construirla y explicársela desde la experiencia de ser vivida en plenitud... pero eso ya, es cosa de cada uno.
Igual que el mito del Dr. Frankestein se ha asociado por la ensayística filosófica y literaria con el mito prometeico, la realización sobre una “mesa de operaciones” de PROMETEO a base paños de malla de acero cosidos me ha evocado la construcción de la “criatura” del Dr .Frankenstein, pero aquí no como un monstruo, justicia por sacrilegio, sino todo lo contrario, el hombre decidido a crearse a sí mismo como un empeño bello, definitivo, el que hace al hombre más humano:
“[...] Aquí me afianzo
y formo hombres
según mi idea.
A ese linaje semejante a mí,
para que sufra y llore,
se alegre y goce [...]”
del Prometeo de Goethe