Galería Saro León, Las Palmas de Gran Canaria.
Después de un magnífico periodo ejecutando una obra pública de orden gigante, la realización de una producción de orden menor, podría decirse casi orden doméstico, es retomar el ámbito íntimo, el espacio reservado y discreto del estudio, de la mesa de trabajo y la pequeña herramienta. Al igual que celebro y agradezco la confianza y responsabilidad otorgada en la gran obra pública, el retorno a lo pequeño y privado es un reencuentro feliz.
Felicidad que espero transmita la frescura de esta serie. Toda obra nueva asume la síntesis de toda la obra anterior, y esta no es menos al respecto. Casi inevitablemente esta producción es como una resonancia de mi última gran obra, como pulsos remanentes del gran vórtice creativo que se va disipando en estos últimos destellos, como pequeñas estrellas con luz propia en los extremos de las brazos de una galaxia en espiral, significándose autónomas y autosuficientes.
Quiero resaltar la aparente paradoja cuando reparo en que estoy realizando esculturas de bronce siguiendo las pautas y método que utilizo para la confección de esculturas en malla de acero, siendo dos realidades escultóricas bien distintas. Esta hibridación del proceso facilita una plástica: esculturas a hueco abierto; construyendo los modelos a partir de cintas de cera se propicia un fluir de aire y formas que concreta piezas de mayor frescura y ligereza que las que se conseguirían con otros métodos, sin dejar de participar éstas de la identidad estatuaría de un bronce.
Quede claro que la técnica no debe, en mi caso, determinar estética, sino que desarrollo técnicas en función de las exigencias estéticas. El resultado escultórico de esta serie queda identificado en mi haber estético por mi afecto a los restos arqueológicos, bronces y cerámicas, estudiados en tantos museos visitados, que en los expositores, con su fragmentación y deterioro recobran una identidad inusitada, distinta a la que tuvieron, pues el presente eleva a magníficas lo que en el pasado sólo fueron utensilios o estatuaria doméstica, hoy carcasas de metal que en la supervivencia a través del tiempo adquieren la solemnidad que en otro tiempo no se les otorgó. Variaciones y Divertimentos evoca la experiencia estética que la observación de estos restos arqueológicos han generado en mi, experiencia tan veraz, como fantasiosa la reconstrucción de la realidad histórica que a cada pieza le supongo.
Por las “resonancias”, tanto de mi última gran obra presente en cada una de estas piezas, como por la evocación de restos arqueológicos con voluntad de futuro que esta serie conlleva, la he denominado con dos términos propios de composiciones musicales. El primero, variaciones, alude a la repetición de una melodía o armonía expresada de distintos modos, y el segundo, divertimentos, refiere a una obra de corta duración de carácter ligero y alegre... cosa que en estos tiempos se precisa más si cabe.
Manolo González 2011